COLUMNA ED. 1102

MÁS TECNOLOGÍA, MISMOS RESULTADOS: EL ESPEJISMO DE LA MODERNIZACIÓN MUNICIPAL

Por: Carlos Del Castillo Guardamino, PhD. cdelcastillo@iiai.org.pe Consultor e investigador en gestión estratégica. Instituto de Investigación Aplicada e Innovación

La modernización municipal en América Latina enfrenta una paradoja: se invierte cada vez más en inteligencia artificial y sistemas de datos, pero los resultados que la ciudadanía experimenta —menos delito, trámites más ágiles, mejor recaudación— no mejoran en la misma proporción. La razón no es la calidad de la tecnología, sino que se incorpora sobre arquitecturas de gestión diseñadas para medir actividad y cumplimiento, no para verificar resultados.El caso de la seguridad ciudadana en Perú lo ilustra con claridad. Pese a una inversión creciente en videovigilancia inteligente, 2025 cerró con más denuncias de extorsión y un mayor promedio de homicidios diarios. La Contraloría encontró que una parte significativa de las cámaras no funcionaba y que los sistemas distritales no estaban interconectados. El patrón no es exclusivo de la seguridad. Se repite en la recaudación tributaria cuando se digitalizan formularios sin rediseñar los procesos de fiscalización; en los trámites cuando se automatizan pasos sueltos sin repensar el flujo completo entre áreas; y en la atención ciudadana cuando un chatbot responde preguntas frecuentes pero no resuelve el reclamo de fondo. En todos los casos, la tecnología añade velocidad a un proceso que seguía mal diseñado.La teoría de la gestión pública identifica este problema como la confusión entre insumo, producto y resultado. La cadena de resultados distingue lo que se invierte —cámaras, software, licencias— de lo que efectivamente cambia en la vida de las personas. Una organización que mide insumos (cámaras instaladas, trámites digitalizados, consultas atendidas por un bot) optimiza insumos, no resultados. Mark Moore lo formuló con precisión: el valor público exige que estrategia, legitimidad y capacidad operativa se articulen; la tecnología solo refuerza la capacidad. Sin una estrategia que defina el resultado buscado y un proceso que permita verificarlo, la capacidad adicional se traduce en actividad, no en valor.La modernización efectiva exige invertir el orden de prioridades: primero rediseñar los procesos que determinan el desempeño real —cómo se prioriza, se coordina y se evalúa— y solo después incorporar la tecnología que los potencie. En el actual proceso electoral municipal se escuchan con frecuencia propuestas que cometen precisamente este error: anuncian cámaras con inteligencia artificial y plataformas digitales como si bastara adquirir herramientas para transformar la gestión. Los candidatos al sillón municipal deben comprender que la base del cambio y de la innovación no reside en la sofisticación tecnológica, sino en la capacidad de rediseñar los procesos que realmente producen resultados. Sin ese rediseño previo, cualquier inversión en inteligencia artificial seguirá produciendo lo mismo: más datos, más algoritmos, más pantallas… y los mismos resultados de siempre.

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