COLUMNA ED. 1091

CUATRO AÑOS NO BASTAN: LA URGENCIA DE REPENSAR LA CONTINUIDAD MUNICIPAL

Por: RAFAEL VERA MASCARO Abogado - Consultor Municipal

He recorrido muchas municipalidades distritales y provinciales, he visto alcaldes entrar con esperanzas y salir con la frustración de saber que el tiempo, ese implacable reloj de cuatro años, termina ganando la partida. Lo digo con la experiencia de quien ha asesorado alcaldes y ejercido funciones cercanas a la Alta Dirección municipal, en Lima y provincias, y que conoce sus entrañas: el período de gestión es una carrera contra el tiempo que, muchas veces, termina en empate técnico entre burocracia e improvisación. El primer año se va en diagnosticar realidades que ya conocíamos, en armar equipos y entender los engranajes de una maquinaria administrativa que encontramos desmantelada. El segundo año empieza la ejecución, pero los proyectos de verdadero impacto -los que transforman realidades, no los que simplemente maquillan-, requieren cuando se trabaja seriamente estudios y licitaciones transparentes que fácilmente consumen doce meses. El tercer año es, si acaso, el único realmente productivo. Y el cuarto, electoral: las obras se ralentizan, los equipos se dispersan y la atención se desvía hacia la sobrevivencia política. El problema se agrava con la prohibición de reelección inmediata. Un alcalde que sabe que no podrá continuar pierde el incentivo natural para pensar en el largo plazo. ¿Para qué amarrarse a un plan de desarrollo concertado si quien venga sentirá la tentación de borrar todo lo anterior para empezar de cero, aunque eso signifique enterrar expedientes técnicos y estudios financiados? Muchos planes de desarrollo se convierten en letra muerta. Demasiados perfiles de proyecto archivados por el simple pecado de llevar el logo del alcalde saliente. Esto no solo es ineficiente, sino profundamente injusta con los ciudadanos, que ven cómo sus necesidades quedan secuestradas por los tiempos electorales. ¿Cómo garantizar continuidad? Propongo tres caminos: (1) Blindar los proyectos de inversión mediante pactos que obliguen a su continuidad, tal vez elevándolos a la categoría de contratos-ley, con financiamiento asegurado más allá del período municipal; (2) Fortalecer los planes de desarrollo concertado dándoles rango de ordenanza que comprometa a futuras gestiones; (3) Crear equipos técnicos estables, desligados de la cuota política, que custodien la memoria institucional. El alcalde debe dejar de ser visto como un caudillo efímero y convertirse en estadista local, capaz de pensar más allá de su mandato. Y la ciudadanía debe aprender a premiar la continuidad y castigar la improvisación.

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